Migrar a la nube sin cambiar cómo opera el proceso solo cambia dónde están los servidores. El ahorro y la velocidad reales vienen de rediseñar el proceso para aprovechar lo que la nube permite — escalar bajo demanda, integrar datos, automatizar —, no de mover lo mismo a otro lugar y seguir pagando por las mismas limitaciones.
Mover un servidor físico a una máquina virtual en la nube, tal cual estaba, es la migración más rápida de hacer — y la que menos valor entrega. El resultado es previsible: se cambia un costo fijo (el servidor) por uno variable (la suscripción), sin que el proceso que corre encima cambie en nada. Seis meses después, la pregunta es por qué la nube "no dio los resultados prometidos".
Pagar por capacidad cuando se necesita, no mantener infraestructura sobredimensionada todo el año para cubrir el pico de diciembre.
Sistemas que antes vivían aislados por infraestructura empiezan a compartir información sin proyectos de integración a la medida.
Es señal de que se migró la infraestructura, pero no el proceso.
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